PARA QUE SIRVE UN PROFESOR EN LA ERA DE LA HIPERINFORMACIÓN


El sistema educativo imperante nacional e internacional siempre partió de la concepción equivocada de querer llenar de información al estudiante. Así como se llena mecánicamente un recipiente de cualquier elemento físico o químico (líquido, solido o gaseoso… en otros casos puede ser de luz o de oscuridad). El problema del sistema educativo, y la función, o más bien, la misión del profesor, no es el simple proceso mecánico de vaciar una masa de información en la memoria del estudiante. En esta lógica, el sistema educativo puede hacer de un ignorante un idiota ilustrado (La palabra idiota en este caso se toma del griego ιδιωτης (idiotez) para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados). Esto no resuelve el problema de la labor docente, aún peor lo agudiza en la actual crisis de la educación en todos los contextos: nacional, regional y local.
 En el curso de nuestra historia de la educación; se sabe que muchos científicos eminentes formados en el sistema educativo occidental participaron en la creación de armas nucleares usadas para destruir el pueblo de Vietnam. La persona más desastrosa de nuestra sociedad, dice Estanislao Zuleta es el científico creador que es al mismo tiempo esclavo del aparato militar o industrial; alguien que hace aportes pero a quien no le interesa para nada la manera cómo van a ser utilizados esos aportes a la ciencia. Allí se puede observar la contradicción entre el hombre que quiere algo y aporta con su trabajo intelectual a una realización, y el sistema que emplea esa realización en términos que son completamente ajenos al hombre que los crea, enajenación (Marx). Un ejemplo triste de ello es que en la guerra de Vietnam participaron cuarenta premios Nobel de las ciencias naturales. Esta es una de las situaciones más dramáticas de nuestra civilización. Científicos que no se preguntaron: ¿Por qué?, ¿Para qué? y a quien beneficiaria esta arma de destrucción masiva, y a quien hundiría en la peor de las pesadillas humanas. Estos sabios bárbaros se formaron con este sistema educativo; que según Nietzsche pueden alcanzar una hipertrofia en un dominio del saber y por otro lado están atrofiados (Híperespecializados en unos temas y completamente ignorantes en todo lo demás). Después de permanecer tantos años en los bancos escolares, sigue diciendo Nietzsche, el único sentido que desarrolla el estudiante, es el sentido del oído (atrofia de la capacidad de interactuar con el otro a través de la palabra pensada y escrita). Entonces, ¿Para qué sirve un profesor? Aclaramos que los despropósitos de la razón humana no son de responsabilidad directa del profesor, sino del sistema Económico y Educativo imperante, el profesor ha sido también formado en este sistema, por tanto, reproduce al sistema tal cual; enseña cómo le enseñaron. Pero de otro lado no lo exime completamente de esta responsabilidad ética.
Por otra parte, antes de intentar responder la pregunta, ¿Para qué sirve un profesor?, sería apropiado plantear de manera universal y honesta las siguientes preguntas, tal como las formula el docente de la Universidad de Antioquia Carlos Mario González en una conferencia sobre el papel de la educación: ¿Por qué soy profesor?, ¿Para qué soy profesor?, ¿Cómo soy profesor?, porque si el centro de gravedad o de importancia es el profesor en sí; la figura central es el yo (ego), eso es narcisismo, culto al ego, amor a la imagen propia. Si por el otro lado el centro de gravedad es el campo del saber, esto tiene que ver con la acumulación de información, obesidad intelectual, culto a la erudición que crea en el educando fascinación hacia el profesor, y miedo a su propia ignorancia; generando distanciamiento del deseo de aprender. Y si en el centro de gravedad está la institución, el profesor simplemente se limita hacer lo que le dicta el vínculo contractual, es decir, es un simple ejecutor de lo que le dice que haga el Ministerio de Educación: impartir instrucción a sus educandos; prepararlos, cualificarlos o habilitarlos para el sistema del mercado laboral sin más ni más, sin cuestión alguna. Pero si el centro de gravedad está en la persona (estudiante), ahí está el verdadero sentido del ser profesor, y esto tiene que ver con la vocación y la pasión de ser un maestro de la enseñanza (no cualquier profesor puede llegar a ser un maestro, o preguntémonos ¿Cuantos profesores son realmente significativos en nuestra formación como persona y como docentes?) es decir, saber seducir al estudiarte, provocarlo; desatar las fuerzas intrínsecas que están ahí en ese ser que está ávido de preguntas, de puertas y ventanas abiertas al conocimiento, asumiendo una actitud democrática en una relación horizontal; que respete la singularidad y la diferencia del otro; para contribuir en la medida de sus posibilidades a pensar por cuenta propia, en busca de una palabra genuina y autentica (pensar no es simplemente razonar, es producir un sentido inédito, y para esto se necesita tener una relación con la palabra que implica: leer, relación crítica con el texto, escuchar razonando la palabra del otro, hablar y escribir).
Entonces, ¿Para qué sirve un profesor en la era de la hiperinformación de la internet?
Un maestro no enseña tanto con lo que sabe, sino con lo que es. Porque la cantidad de información que está circulando en la internet rebasan su capacidad de memoria y su velocidad de recordar. En este contexto el profesor es un facilitador, un orientador, un provocador que transforma el aula, que estimula e inspira el deseo de aprender; desde una postura ética y democrática. Enseñar no es más que crear las condiciones para que el proceso de amor al conocimiento se dé (filosofía), pero esto implica una labor creativa que dignifique la existencia humana, en tanto que una labor mecanizada entristece la existencia y la carga de pesadez (Chaplin). Para que el estudiante sea crítico, se platee más preguntas, pida más maestros, pida más libros; es necesario que el sistema educativo se ponga siempre del lado del estudiante, no como un cliente, sino como un ser humano singular. Enseñar, no es el espectáculo del despliegue de erudición del profesor, de ese saber que no se conecta con la vida, sino por el contrario, de ese saber que está comprometido con una actitud ética por la vida. Enseñar que el ser humano no lee para saber más decía Zuleta, sino para pensar mejor; y solo pensando mejor, quizás, solo quizás podamos vivir mejor individual y colectivamente.
El problema no es la competencia entre la capacidad de almacenamiento de información de la internet, con la capacidad de memoria del profesor; es más bien la relación ética del docente frente al proceso de la enseñanza. En este mismo sentido, Olga Tokarczuk, autora del cuento el Narrador Tierno plantea que nuestros antepasados creían que el acceso al conocimiento universal no solo brindaría a las personas felicidad, bienestar, salud y riqueza, sino que también crearía una sociedad igualitaria y justa. Lo que faltaba en el mundo, en su opinión, era la sabiduría omnipresente que surgiría naturalmente de la información. El conocimiento universal que contendría en él toda la cognición posible. Esto también fue un sueño de información disponible para todos. ¿El acceso a los hechos sobre el mundo no transformaría a un campesino analfabeto en un individuo reflexivo consciente de sí mismo y del mundo? ¿El conocimiento al alcance de la mano no significará que las personas se volverán sensibles y dirigirán el progreso de sus vidas con ecuanimidad y sabiduría? En este plano de la disertación se confunde información con educación, sabemos que en la internet existe información valiosísima, que nunca antes estuvo tan disponible para la humanidad, pero esta disposición de la información no hace que por generación espontánea se formen o se eduquen seres humanos críticos, más bien, la internet nos ha transformado en consumidores de esta información, que beneficia a las grandes empresas, más que a la sociedad en general. Conoce nuestros gustos, nuestra propensión psicológica y compulsiva al consumo de aparatos y dispositivos cada vez más sofisticados y con esto, mantenernos atrapados en las pantallas de cristal.
Resultó que no somos capaces de soportar esta enorme cantidad de información que, en lugar de unir, generalizar y liberar, ha diferenciado, dividido o encerrado en pequeñas burbujas individuales creando una multitud de historias que son incompatibles entre sí o, incluso, abiertamente hostiles unas hacia otras. ¿Cuáles son las consecuencias de una cultura que tiene su ética y su política basadas en la rentabilidad, la productividad y la competitividad, y donde el hombre y el saber también son mercancías? La educación, tal como ella existe en la actualidad, reprime el pensamiento, trasmite datos, conocimientos, saberes y resultados de procesos que otros pensaron, pero no enseña ni permite 

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